P. Constantino MARTÍNEZ O.P.

El gran impulsor de la restauración del santuario de la Peña de Francia del siglo XX fue, sin duda, el dominico P. Constantino Martínez Uriarte.

Nacido el 11 de marzo de 1911 en Ullívarri-Gambos (Vitoria), aldea a doce kms. de Vitoria. Fue el décimo y último hijo del matrimonio de Rafael Martínez y Simona Uriarte, quienes viven de la labranza. El 16 de noviembre del año anterior, su hermana Mª de las Nieves, de 17 años enfermó y falleció en pocas horas, unida a sus familiares y con alegre fervor a la Virgen. Este singular hecho marcó providencialmente y con signo mariano, la misma raíz vital del P. Constantino, antes de nacer.

 

A los once meses su padre Rafael daba a su benjamín el último y mejor beso de despedida en la tierra. Y su privilegiado título de sacristán de la parroquia del pueblo, ejercido de padres a hijos por generaciones, pasaría a Federico, de 14 años de edad. Este servicio a la Casa de Dios, que lo era de toda la familia (acólitos, campanero, camareras...) sacralizaba diariamente las tareas domésticas y del campo (desde el toque matutino del “Ángelus” al vespertino de “ánimas”) y las centraba en la Misa de primera hora de la mañana, a las que asistían todos los de la casa. Todo lo del templo se vivía como algo propio de la misma familia. En el monumental retablo de la iglesia destaca la imagen de Santo Domingo; a su izquierda está el altar de la Virgen del Rosario ante el cual la familia tiene su estera para orar.

 

Cuenta cinco años, cuando ingresa en el seminario de Vitoria. A los once años, en 1922, educado en la recia y mariana escuela de su hogar cristiano y bajo la tutela sacerdotal de su tío D. Bernardo Martínez, es examinado por el prior de Vergara para ingresar en la Escuela Apostólica de Ntra. Sra. de las Caldas, será ahí donde viva su infancia vocacional, pasando a Corias en 1926, donde iniciará el noviciado y profesará en fechas próximas a la Asunción de la Virgen (16 y 17 de agosto de 1926 y 27 respectivamente). Cumplidos los 21 años, el 21 de abril de 1932, emite la profesión solemne, en San Esteban de Salamanca, a cuyo convento ha sido trasladado. Ordenado sacerdote el 5 de enero de 1936, es enviado a Roma a perfeccionar sus estudios, que, a pocos meses después, al iniciarse la Guerra Civil en España, tiene que interrumpir. Durante la guerra se desempeña como capellán en los hospitales de Valladolid y Plasencia y, terminada ésta, forma parte de las comunidades de dominicos de Villava (Navarra) (1939-1943) y Palencia (1943-1947) donde es elegido prior del convento de San Pablo. Pero el provincial electo, Fray Tomás S. Perancho, le pide que renuncie a su priorato, para el cual había sido reelegido, para confiarle otra “obra”: la restauración del antiguo Santuario y Convento de la Peña de Francia.

 

A los siete días está ya en el risco sagrado de la Sierra de Francia confesando que “He escogido el día de nuestra santa madre (fallecía Simona Uriarte tres años antes, el 9 de julio de 1944) para iniciar la nueva misión, que me confía la Madre del cielo”.

 

Dos fuertes impresiones tenía grabadas del Santuario:

  • La visita de peregrinos devotos y penitentes.

  • Y el estado ruinoso de sus edificios, sobre todo de la Hospedería.

 

La Hospedería en ruinas

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La Peña de Francia a inicios del siglo XX

 

Releída la Historia de la Peña, del P. A. Colunga, se traza una meta a largo plazo:

  • La restauración espiritual del Santuario

  • La restauración material de la Hospedería y del Convento, tanto en su Casa Alta como en la Casa Baja (Maíllo), de modo que durante el invierno no se interrumpiera el culto a la Virgen.

El P. Constantino era hombre de ideas y realizaciones. Así lo fue toda su vida, por la fuerza de la fe. Antes de un mes, el 4 de agosto, invitaba al obispo de Salamanca a bendecir la primera piedra de la Hospedería, a lo que accedió por pura complacencia. Carecía de todo, hasta de la posibilidad de tener fuerza eléctrica. El día 27 reunía a los alcaldes de los pueblos de Salamanca, para interesarles en la importancia de la restauración de aquel lugar, con vistas al desarrollo social y cristiano de sus comarcas.

 

En la mañana del domingo, 14 de septiembre, se decide –temeroso e impulsivo- a realizar el sueño más acariciado. “Subí al camarín de la iglesia, me postré para hablar y escuchar a la Virgen; y, con un arranque sobrehumano me atreví a coger su imagen”. Era la primera vez que abandonaba el risco más alto de la Peña, la sede escogida por ella para recibir el culto de sus hijos, desde la fecha de su invención (19 de mayo de 1434). Los más optimistas dudaban de la empresa en que se metía el P. Constantino.

 

La bajada de la imagen había sido preparada por el tío Ramón del Alberca; sólo por él, que, sobre un asno, la fue pregonando por los pueblos de la Sierra. “¡Cuántas veces los dos, sobre el mismo animal, nos trasladamos para seguir anunciando la llegada de la Virgen a nuevos hijos!”. Pues, la fe de este profeta mariano trasladó aquel día más que montañas. Pueblos enteros caminaron (y, no simbólicamente, porque carecían de medios de transporte) hasta el Casarito, donde se había alzado un altar. Allí se celebró la Santa Misa; el P. Guillermo Fraile predicó; y con inmenso gozo, se produjo el encuentro masivo de la Madre con sus hijos. Por primera vez, Ella, era la que peregrinaba a visitarlos. Cientos de peregrinos de las provincias de Salamanca y Cáceres acompañaron a la Señora, por la tarde, en su caminar hasta La Alberca. Y, el entusiasmo y las lágrimas, en su llegada y despedida, así como la experiencia sacramental de su estancia misionera, se repetirán durante cinco años prolongados, en 538 pueblos de las provincias de Salamanca, Zamora, Ávila, Cáceres, Valladolid y Portugal.

 

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Procesión de la imagen de la Virgen por Ciudad Rodrigo en mayo de 1952 

(fotografía cedida por Domingo Rodríguez)

El largo recorrido de la “Virgen misionera” terminó el 4 de junio de 1953 en la Plaza Mayor de Salamanca, donde el cardenal Federico Tedeschini, Delegado pontificio del XXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona, coronó canónicamente la imagen morena de la Virgen de la Peña de Francia. (Para ese momento, el P. Constantino acababa de recuperarse de una dolencia cardiaca, por la que había sido desahuciado de los médicos). Y, más tarde, el 29 de mayo de 1966, Domingo de Pentecostés, era públicamente proclamada la Stma Virgen, bajo la advocación de “Peña de Francia”, Patrona de la provincia civil de Salamanca. Estaba, pues, realizado el proyecto inicial de la restauración espiritual del Santuario.

 

El otro, el material, se lo concedió la Señora “como añadidura”. Las difíciles obras se realizaron sin interrupción. Todos le recordamos llevando materiales, descargando arena y ladrillos; muchas veces, a las doce de la noche, hora en que llegaba el camión, y había que dejarlo descargado, para que bajara a la seis de la mañana hasta Fuentes de San Esteban. El tío Julio, del Maíllo otro contagiado por él en el entusiasmo a la Virgen, se puso al frente de los obreros de la comarca, que trabajaban no mirando a un sueldo, sino a que la Casa de la Virgen estuviese cuantos antes disponible y digna para el creciente número de peregrinos que aumentaba cada año.

 

Mientras unos y otros ponderaban los pros y contra de cada obra, el P. Constantino las presentaba ya ejecutadas: el 9 de julio de 1955 se bendice la Hospedería, el 24 de octubre de 1964 el tendido eléctrico (una línea de 45 kms. con 438 postes). Y, entre una y otra, múltiples y difíciles obras se inauguraban cada verano: nuevos tejados en el convento, reconstrucción de la capilla de la Virgen, carretera, capillas de San Andrés, de la Blanca y del Cristo, Vía Crucis de granito, depósito de agua, etc. 

 

El P. Andrés Hernández, identificado con él en esta empresa mariana, dirá: “Trabajaba contra reloj. Una idea en su cabeza nacía en dinamismo. Esto le valió sus disgustos. Pero, gracias a ese fervor y fuerza imparable, tenemos restaurada la Peña de Francia. La “luz” era uno de los imposibles para los hombres prudentes; y, gracias a su tendido, se beneficiaron todos los pueblos de la comarca”. 

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El campo de San Andrés se convirtió en una improvisada plaza taurina en 1956. 

En tres ocasiones al menos la Peña de Francia se convirtió en la plaza de toros más alta de España. Allí torearon Jumillano y Victoriano Posadas.

Dos estudiantes dominicos Fr. J. M. Guervós (letra) y Fr. Vicuña (música) plasmaron en un pasodoble-plegaria el sentimiento que anidaba en aquellas ofrendas y festejos toreros.

En 1965 se realizan las primeras instalaciones de R.T.V. En 1967 se asfalta el último tramo de la carretera.

 

En 1973, antes de despedirse de la misión confiada, aceptando con fe engrandecida los nuevos caminos del Señor cumplía, como último uno de sus primeros anhelos: la publicación del Manuscrito documental del Santuario, “Historia de la Invención y Milagros de Ntra. Sra. de la Peña de Francia, del P. Mateo Vasco de Parra 1781).

 

Fue distinguido en distintas ocasiones y aunque eran públicas, ni las comentaba y menos las propagaba, pero en justicia deben mencionarse:

  • Predicador General, título conferido por el Maestro de la Orden, fray Aniceto Fernández.

  • Medalla de Plata de la Provincia de Salamanca que se le concedió en una fiesta celebrada en Sequeros el 19 de junio de 1966.

  • Placa de Plata al Mérito turístico, entregada en Madrid el 3 de noviembre de 1969 por el Ministro de Información y Turismo, donde se reconocía al P. Constantino como Rector del Santuario de la Peña, que el año anterior había sido declarada Monumento Nacional.

  • ¡Viva el Padre Constantino!” fue la distinción dada por los humildes, que brotaba siempre viva de su corazón agradecido al ¡Viva la Virgen de la Peña de Francia!, que el P. Constantino gritaba con entusiasmo. Lo hacían con sincero afecto, y religioso reconocimiento. “Porque él nos descubrió que teníamos en la Peña una Madre un poco olvidada. Nos la trajo hasta la puerta de nuestras casas, nos la metió en el corazón. Y luego, él nos esperaba en los riscos de la Peña, cuando descalzos llegábamos a cumplir la promesa. Él nos atendía en confesión, él cantaba y oraba con todos”. (Hoja Parroquial de Salamanca. Junio 1991).

Asignado al Convento de Santo Domingo El Real y ya con plena dedicación organizará:

  • El VI Centenario del Monasterio de San Juan Bautista de Quejana (Álava).

  • Desde 1978, pasó cada año largos meses en el monasterio de Santa María de Belvís (Santiago de Compostela) donde trabajó cuanto pudo para incrementar el culto popular a la imagen de Ntra. Sra. del Porta, muy venerada por los compostelanos.

  • Durante el “Año Mariano” (1987-1988) siguió difundiendo inconteniblemente la devoción reeditando por 7ª vez el Catecismo mariano de D. Ildefonso Rodríguez Villar, con el título CONOCE A TU MADRE, que difundió juntamente con un mapa y diversas tarjetas de la Geografía Mariana de España.

  • Edita el folleto “Sacerdote, tú quién eres” 1989 de 43 páginas. Y la paternidad virginal de San José, como misterio interior del alma cristiana y mariana.

  • Finalmente, como vice-postulador de la causa de beatificación de su hermano D. Federico, sacerdote, mártir, público su vida y preparó el material para su beatificación.

Con motivo del 50º aniversario de su ordenación sacerdotal (1936-1986), los superiores le obsequian con el regalo más entrañable: la presencia durante el día y la noche de la imagen venerada de la Virgen de la Peña, traslada hasta su convento de Madrid desde el Zarzoso (monasterio que él mismo escogió para conservarla con culto durante el tiempo invernal).

 

Mermadas visiblemente sus fuerzas físicas, los médicos manifestaron el 9 de abril de 1991, que el hígado estaba tan gravemente afectado, que no podría sobrevivir más de seis meses. Impresionante es la confesión que el mismo médico que le atendió ha narrado. Al comunicarle que tenía una dolencia grave, él quiso saber el tiempo de su duración. Porfiando ante el médico fue capaz de sacarle el posible tiempo de estancia en esta tierra. Conocido por él, se levantó, se acercó a la mesa y pidió al médico que se pusiera de pie. Sorprendido, el médico hizo lo que le indicaba. Para su sorpresa el P. Constantino le dio un fuerte abrazo. Ante el asombro del médico, el P. Constantino le dijo: “Durante mi vida he trabajado incansablemente por el Reino de Dios. Usted me anuncia que en breve estaré allí. Gracias. Usted me ha dado la mejor noticia”. A las 12,40 del mediodía del viernes, 24 de mayo de 1991, festividad de la Traslación de Santo Domingo, falleció el P. Constantino en el Convento de Santo Domingo El Real de Madrid, mientras la comunidad, reunida alrededor de su lecho, cantaba la Salve a Nuestra Señora. Su cadáver reposa en la capilla de la Blanca. Allí fue depositado por sus amigos y hermanos dominicos. Mientras su cuerpo bajaba a la fosa, el himno de la Virgen le acompañaba en ese último tramo sobre la tierra. Las lágrimas hacían difícil el canto. Se quedaba para siempre allí, en el “risco venturoso” que fue para él objetivo de su vida para que todos pudieran encontrar en él a una Madre.

 

Los ochenta años de su vida cristiana, los 64 de profesión religiosa y los 55 de sacerdocio se desarrollaron en él con el impulso creciente de la filial entrega a María.