52 - "Sólo en Dios descansa mi alma"

 

 

 

Podemos llegar a estas horas con agitación, con prisas, con toda la celeridad de la vida.

 

El silencio es entonces en primer lugar un apaciguamiento, se va haciendo presente ahí otra luz que hay en nosotros.

 

Parece que no se ve nada. Hay que permitir que esa prisa, esa crispación se vaya calmando.

 

En el silencio todas las cosas van encajando en su sitio, pero hay que darles tiempo. Un tiempo de apaciguamiento para que cada cosa encuentre su lugar.

 

El agua revuelta no refleja nada pero el tiempo devuelve al agua su ser cristalino, así el silencio nos devuelve la claridad, nos devuelve un sosiego, nos devuelve la luz.

 

Sólo en el silencio descansa mi alma. “Solo en Dios descansa mi alma”.