Santuario

de Nuestra Señora

de la

PEÑA DE FRANCIA

 

37620 EL CABACO (Salamanca) España

Apartado, 17 - SALAMANCA

Telf. 923 164 179 - Móvil 610 075 589

 

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Es la hora de Simón Vela, ¡ya era hora!

 

 

¡Largo me lo fiáis, pardiez!, dirán algunos. Aquí sí podemos decir “cuenta la leyenda…”, porque mucho más no se sabe, que Simón Rollan/Roldán -no sabemos si terminado en “d” o no, como la Chanson de Rolland- era un muchacho francés, algunos dicen que fue un novicio o un donado, un buen hombre acogido a la comunidad franciscana de París; otros que un mendigo de la zona que iba de pueblo en pueblo. Yo me quedo con la versión más bonita en la que Simón era estudiante de la Sorbona de París, de familia acomodada, quien al morir sus padres y habiéndole dejado una pequeña fortuna, la repartió entre los pobres. Un gesto de desprendimiento muy propio de la época en quienes deseaban vivir el cristianismo de manera más radical, siguiendo el modelo de S. Francisco de Asís, que él conocía bien si damos por buena esa tradición de que vivió acogido a la comunidad franciscana. Sigamos con Simón como estudiante de la universidad de la Sorbona.

 

En la Sorbona enseñaron dominicos como San Alberto Magno, Sto. Tomás de Aquino y algunos más; en ella se formaron los primeros frailes de la Orden y han seguido haciéndolo hasta la actualidad. Era y es una buena escuela de formación para dar salida y entrada a los deseos de saber, de fundamentar, de disputar, clarificar y dialogar sobre la cultura y la fe. Fueron famosas las “disputatio” que se daban entre los profesores con planteamientos filosóficos y teológicos con distintos puntos de partida…

 

 

 

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La Peña, paisaje con figuras

Mejor, figuras con paisaje

 

 

Los paisajes, por muy bellos que sean, si no son vistos, mirados o contemplados, por alguien, son bellos cuadros pictóricos que pueden causar una magnífica impresión momentánea, que se retienen en la retina del corazón durante un tiempo, pero que después desaparecen sino encuentra uno en ellos un motivo para volver, para recordar o para recomendar.

 

En Baden Baden, ciudad que visité hace algunos años y a cuyo balneario iban Thomas Mann y Hermann Hesse, encontré en su museo un cuadro del catalán Baldomer Galofre con el título Paisaje con figuras. Al ver el título -lo mismo que al lector ahora- me hizo recordar aquella serie televisiva con el mismo título evocador, Paisaje con figuras. Antonio Gala, casi seguro y conociendo su estilo literario, su cultura nada común, tomaría de ese cuadro el título de aquella serie de éxito de principios de los años ochenta, una serie que supo dar a los paisajes de distintas épocas de la historia española, los suficientes personajes bien perfilados para que no fuesen paisajes muertos sino paisajes con vida, transitados por personajes hacedores de historia.

 

 

 

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