"LA HOJITA" junio - 2.007HOJITA"  Marzo - 2.007

En el N. 45 que corresponde al mes de Junio de 2007 se incluye, en portada, el siguiente artículo:

"LA CONDENA DEL INOCENTE"

Han pasado ya cinco años de aquel Viernes Santo en que un pequeño grupo de familias de Madrid subieron al Santuario de la Peña de Francia con un deseo grande de recordar en la cumbre austera de nuestra montaña la muerte dolorosa en el monte Calvario del Gran Inocente: Jesús el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre.

 

Desde el primer momento, en que empezamos a leer las escenas de la Pasión de S. Juan, nos invadió a todos el clima de especial emoción que fue aumentando a medida que nos sentíamos testigos vivos, de la profunda injusticia de todo el proceso condenatorio de Jesús, amañado por el poder político y religioso de su tiempo.

 

Sentíamos como nunca, que Jesús iba como cordero inocente al matadero. El Hijo de Dios, indefenso y sin poder alguno ante la injusticia humana. Al final Jesús muere como uno de los peores malhechores de su tiempo, de todos los tiempos.

 

Al terminar la lectura de la Pasión brotaron de nuestros ojos unas lágrimas que nos salieron de lo más hondo del alma. No pudimos hacer ningún comentario sobre lo que acabábamos de vivir. Dicen, que al bueno y sabio dominico Fray Luis de Granada le pasó algo parecido, y que no pudo pronunciar el hermoso sermón que para el Viernes Santo había preparado. Quizás nunca como en esta tarde, los que recordábamos la muerte del Gran Inocente de la Cruz habíamos vivido y sentido con tanta clarividencia e intensidad el desamparo del bien ante el mal, el fracaso del amor ante el odio.

 

El recuerdo de la muerte inhumana de Jesús, la Bondad y el Amor absolutos, se nos hace presente permanentemente en el mundo que nos toca vivir, asolado, desmoralizado y hasta destruido, por unas estructuras de lamentables injusticias, donde todos los días mueren multitud de seres inocentes, por el hambre, las guerras, el abuso descarado de leyes injustas favorables siempre a los que tiene el poder económico y la fuerza. El rostro indefenso, dolorido y silencioso del Hijo de Dios, desamparado y muerto en la Cuz, se manifiesta lleno de sufrimiento en cada uno de estos nuevos inocentes. Si pensáramos con detenimiento en esta multitud de crucificados también sería para llorar.

 

De una cosa tenemos certeza: el Gran Inocente siempre estará de parte de aquellos seres humanos, que no tuvieron defensa alguna y quedaron marginados de una vida digna, a la que tenían los mismos derechos que el resto de mujeres y hombres de todos los tiempos. El mal, la injusticia, la mentira, la muerte, no pueden tener la última palabra. El Bien, el Amor, el Resucitado tienen que dar definitivamente un sentido a la vida de aquellos que pasaron como un desecho humano en la oscuridad más absoluta de una existencia absurda.

 

A aquellas buenas familias del Viernes Santo del año 1.999 con las que compartí tan emotiva celebración no las he vuelto a ver, pero al menos un par de veces a través de terceras personas me han hecho presente el saludo y el recuerdo de aquel Viernes Santo inolvidable.