CUADERNO DEL CAMINANTE

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EL POZO VERDE, ¿MITO, LEYENDA, FÁBULA?

 

No sabemos dónde se fue amasando esta costumbre, pero se ha ido asentando sin ningún fundamento y ya forma parte del recorrido de muchos visitantes, que no peregrinos, que llegan a La Peña de Francia. Sin saber cómo, va adquiriendo un cierto peso en quienes suben buscando lo que no hay. Ninguna tradición que avale el hecho; tampoco ninguna explicación lógica, pero se incrementa el número de los que se acercan, sobre todo con niños, y practican ese ritual de arrojar monedas al “pozo verde”  esperando la realización de algún deseo.

 

Este pozo no es otra cosa que un aljibe que, como todos los de su nombre, recoge el agua de las canales, se embalsa en ese hueco y se utiliza cuando no llega el agua de la fuente Buitrera. No tiene otro misterio más que el que los visitantes le han ido dando. Me admira con qué seriedad los padres indican al niño los pasos a dar antes de arrojar la moneda. Con cierto aire de misterio, en voz baja, les anuncian que hay que pedir un deseo, no hay que decírselo a nadie y, una vez pensado, echar la moneda; si es de espaldas, mejor. De esta manera, el fondo del pozo se va cubriendo de monedas, céntimos en su mayoría, que se acumulan acarreando problemas variados. Aquí podríamos introducir una historia que otro sabrá contar mejor y que lleva por título “el buzo de la Peña”.

 

Cuando paso y oigo el desarrollo del ritual, suelo pararme y prestar atención. El niño va cumpliendo lo que le indican y cuando ha arrojado la moneda mira complacido a su alrededor, como si hubiera superado el primer examen. A veces les indico la inutilidad de esa costumbre y les sugiero que es más práctico rezar una Avemaría a la Virgen. Nadie me ha dado una mala respuesta o ha manifestado desagrado. Sí es verdad que me causa cierta contrariedad. El niño se acostumbra a pensar de forma inadecuada, al creer que una moneda, arrojada a un pozo, puede ayudarle a cumplir lo que él desea. Imagino que el tiempo se encargará de abrirle los ojos, pero es un tanto triste que en un lugar donde se venera a la imagen de la Virgen, se fomenten costumbres ajenas a todo lo que el ambiente ofrece.

 

El “pozo verde”, su historia, no tiene nada de misterio, a no ser que sintamos la necesidad de darle a todo lo que hay allá arriba un halo de leyenda. Su misterio está en el techo donde crece una especie de musgo que, al reflejarse en el agua, le da a ésta un color verdoso. Nada más. Lleva ahí desde el siglo XV, como la mayoría de las dependencias del convento. En otros tiempos fue de gran utilidad. Sólo se podía contar con el agua almacenada en los distintos aljibes que se encuentran en la altura y el pozo era de gran utilidad. Hoy no tiene ningún servicio que prestar. Ahora nos servimos del agua procedente de una fuente, que se halla en la ladera de la montaña que mira hacia Monsagro. Es conocida como la “Fuente Buitrera”; frecuentada hace años por muchas personas, donde repostaban en la subida a la Peña o tomaban “la merienda” acompañada del vaso del agua fresca que surge de un tubo metálico. Es un lugar apacible, silencioso, visitado de cuando en cuando por las cabras que acuden, también, a calmar su sed. Allí se puede descansar, leer, contemplar el paisaje, también observar el vuelo de las aves, buitres, águilas y cuervos. Un lugar ideal para reflexionar, lejos del mundanal ruido, mientras arriba, la gente deambula y, algunos, se arriman al "pozo verde" buscando conscientemente algo que nunca va a llegar.

 

 

Salustiano MATEOS, dominico