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EL MANTO BLANCO DE LA PEÑA
No es muy original ni muy atractivo el título para que los lectores se sientan atraídos, pero desde donde escribo, la mañana ha aparecido con una ligera capa blanca en los campos de trigo y avena, que ahora van desapareciendo y se tornan de color malva con las grandes plantaciones de lavanda que los sustituyen. La nieve, que pronto se licuará, me ha llevado a pensar en La Peña de Francia, porque la imaginación es libre y te lleva donde ella quiere, aunque casi siempre hay una motivación detrás. Hace dos días, una amiga pintora de Salamanca, me habló de la nieve caída en La Peña y que quizá eso le iba a inspirar ponerse a pintar. Le animé a ello.
Hace tiempo que no subo a La Peña, aunque no dejo de sentir cierta añoranza de ella. Déjenme poner Ella con mayúscula, por hablar de la Virgen y de su enclave secular. La Peña, que siendo de Francia, es muy salmantina. Los nombres nos hacen, nos dan pistas, pero a veces nos despistan. Ésta no.
En la distancia, con foto que me envía un amigo, la veo cubierta de nieve, como si de un manto enorme, blanco, se tratara. Por su belleza, los hay osados, por valentía o por fe, que se lanzan Peña arriba para no dejar en solitario a la Virgen de la Peña y poderencender una candela que atempere un poco, muy poco, el frío que envuelve el lugar y el Santuario. María no se inmuta, permanece a la espera de la próxima primavera. Llegará, como le pasó “al olmo seco” de Antonio Machado, al que le salieron unas pequeñas ramas verdes, ese “otro milagro de la primavera”. Los castaños, abedules, olmos, helechos, que cubren la ladera Peñíscola, están esperando los primeros rayos del sol primaveral para desperezarse y cubrir de verde intenso, lo que la nieve ahora ha tapado y adormecido de los ocres otoñales.
Subir a La Peña, o contemplarla desde El Cabaco o La Alberca, es un placer pictórico que no se encuentra en cualquier sitio. Y si uno sube por primera vez y entra en el santuario verá a la Virgen negra, pero no de frío, sino del humo de las velas que con fervor han puesto miles de devotos confiándole a ella sus problemas y vicisitudes o agradecimientos transmutadas en oración y pequeña llama tililante.
Con el calendario de 2026, pequeñito, con foto de la Virgen, que tengo sobre mi mesa, enciendo también una lamparita y una barra de incienso que me trasportan en con mi imaginación y corazón orantes al risco peñíscola donde la Madre nos espera. ¿Me espera? Voy a darle una sorpresa. Otro día les cuento si me reconoció… Las madres nunca olvidan…, pero por si acaso… Les gusta que los hijos se presenten sin esperarlo…, ellas con el delantal de la cocina puesto y secándose las manos… la casa huele a cocido de garbanzos como antaño…
José Antonio SOLÓRZANO, dominico
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