"CON ACENTO"

¿Dónde estamos?

Reseña Histórica

Plano del Santuario

Con Acento

Fotografías 

Poemas, Cantos ... 

Celebraciones

"La Hojita"

 

 

La historia de la Peña de Francia se ha ido construyendo lentamente. Su realidad actual ha contado con la colaboración, sencilla y discreta, de personas íntegras que han ido poniendo su granito de arena para que todo fuera tal y como es.  Su huella es imperceptible, pero se merecen nuestro recuerdo y consideración para que el anonimato no las arroje al olvido.

 

Es claro que su huella está en el corazón de la Virgen. Es una larga cadena perdida en el tiempo y sólo Ella sabe cuántos de los peregrinos de todos los tiempos, han dejado vestigio de su devoción y de su fidelidad. Los que a través de los días y los años nos encontramos en la cima, sí podemos constatar que muchos de los peregrinos y de la buena gente que acude al Santuario vive con recogimiento y cariño su devoción a Nuestra Señora y convierten el lugar en un "ámbito" de encuentro con la Madre. Admiran el paisaje y saborean la paz que en él se goza, para después acercarse silenciosos al interior de la iglesia y allí, con recogimiento, dan a su visita el carácter de peregrinación que convierte esta cima en un lugar especial. Es su fe y su devoción las que crean en esta cumbre ese ámbito donde todo habla de una "presencia viva" de Alguien que está más allá y más acá de nuestras vidas y que, a veces, no conseguimos encontrar.

 

Un encuentro que en muchas ocasiones suele ir acompañado de algún presente: flores, velas envueltas de calladas peticiones, donativos para el mantenimiento del lugar, manteles para los altares, ... a veces también aparecen grupos con bellos cantos charros, tamboril y gaita, ... etc.  Todos ellos aportan su afecto, su oración y su presencia.

 

A todos esos peñíscolas anónimos va muy especialmente dedicado este apartado. Todas esas buenas gentes que, en el ir y venir de los días y de los años, intentan encontrar un espacio donde mostrar a Dios su confianza callada, o quizás, el lugar donde recogidamente pueden expresarle su necesidad,  su aflicción o su alegría.

 

 

¡Y qué mejor casa que la casa de la Madre!

 

 

Junto a estos hombres y mujeres anónimos, hay otros a quienes todos recordamos, pero cuyas figuras pueden ir desdibujándose por haber abandonado este mundo. Son esos hombres y mujeres cuya presencia tuvo un relieve especial porque dedicaron tiempo, entusiasmo y fe, a mantener vivo el frescor del lugar para que todo siguiera hablando de Dios.